Silueta de mujer mirando por la ventana en momento de reflexión y arrepentimiento

Cuando caes en la trampa de "Es solo una vez"

May 26, 20267 min read

Cuando caes en la trampa de "Es solo una vez"

Devocional para la mujer creyente | Son Hábitos con Nati Vera

Mujer orando con una Biblia abierta en sus rodillas
Foto: Fa Barboza vía Unsplash


"Todas las cosas me son lícitas, mas no todas me convienen. Todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna."
— 1 Corintios 6:12

Hay una frase que se repite en casi todas las familias, en las reuniones con amigas, en cada celebración. Una frase que suena inocente, casi cariñosa, pero que esconde una de las trampas más grandes para la mujer que quiere cuidar su cuerpo y honrar a Dios con sus hábitos: "Es solo una vez."

El problema es que ese "una sola vez" no es una sola vez. Se repite tres, cuatro veces por semana, y nadie se da cuenta. Porque viene el cumpleaños del primo, el bautizo del sobrino, el domingo de visita, el miércoles porque sí, el viernes porque ya es viernes, el sábado porque vino una amiga, y el domingo otra vez porque es domingo.

La cuenta parece pequeña en tu cabeza, pero tu cuerpo no la lleva como eventos aislados: la lleva como un patrón. Y el patrón es exactamente lo que te tiene atascada donde estás.

Lo que dice la Palabra

En 1 Corintios 6:12, Pablo escribió algo que parece hecho a la medida para esta conversación. Tú eres una mujer adulta. Nadie te prohíbe comer lo que quieras. La pregunta no es si puedes o no puedes. La pregunta es:

¿Quién está dominando a quién cuando te sientas a la mesa?

Un testimonio que lo cambia todo

Hace unos seis meses, una mujer entró al programa pesando 207 libras. Hoy pesa 163 libras. Son 44 libras menos, sin inyecciones, sin pastillas, sin atajos. Solo comida y acompañamiento.

Ella me escribió contándome que en su familia no hay freno. Todo se come frito, hay queso, aguacate, tortillas, mantequilla, pancakes en la mañana, carne asada con frijol frito, arroz sin control. Y la frase oficial de la casa es: "es solo una vez al año." Pero esa "una vez al año" pasaba varias veces por semana.


"Estoy en mi temporada del no. Lo comeré algún día, pero en este momento no es mi tiempo de hacerlo."

Eso es exactamente lo que Pablo enseñaba hace dos mil años, viviéndose en una mesa familiar hoy. Eso es dominio propio.

La ciencia confirma lo que la Biblia ya decía

No es opinión. Un estudio analizó tres millones de transacciones de comida entre seis mil personas durante dos años, y descubrió que las personas conectadas socialmente comen parecido. Tu círculo influye directamente en lo que tú eliges comer, incluso con conocidos casuales.

Otro meta análisis revisó alrededor de setenta estudios y encontró que las personas usan lo que la gente alrededor come como guía de qué comer y cuánto comer.

¿Sabes lo que significa esto? Que no se trata de falta de voluntad ni de falta de disciplina. La mesa donde te sientas está moviendo tu interior, aunque tú no quieras moverlo. La comida nunca es el problema. El problema es quién nos está dominando cuando nos sentamos a comer.

La mentira de "no quiero ofender"

Cuando dices "no, gracias", la familia insiste, las amigas insisten, te sirven el plato igual. Y tú, por no ofender, te lo comes.

Pero escucha algo importante: la familia y las amigas no insisten porque te amen mal. Insisten porque tu "no" confronta su "sí", y eso les incomoda. Quieren empujarte a comer para no sentirse mal ellos. Tu rendición les da paz a ellos, pero te quita la paz a ti.


Tú no eres responsable de la incomodidad emocional de nadie que se siente raro porque tú estás eligiendo cuidarte.

La mentira del legado

Cada vez que tú comes, no comes sola. Tus hijas te están viendo, tus hijos, tu esposo, tus sobrinas, tu nuera, las niñas de la familia, los vecinos. Y están aprendiendo que en esa familia se come sin control, que se cede a la presión, que decir no es peor que enfermarse.

Lo que se ve, se aprende. Lo que se normaliza, se hereda.

La niña de ocho años que está sentada en la mesa viéndote decir que sí, dentro de veinte años va a estar pesando lo que tú pesas hoy, porque le estás enseñando que así se come en esta familia.

Pero hoy tienes una decisión que las generaciones anteriores no tomaron. Puedes seguir siendo el eslabón que repite, o ser el eslabón que rompe la cadena.

Lo que pasa cuando una mujer se sostiene

Esa misma mujer del testimonio me contó que al principio fue duro. Intentó salirse del programa varias veces. La familia insistía, la presionaban. Pero con acompañamiento, un día a la vez, se sostuvo.

Y ahora me escribió algo precioso: su familia ya se acostumbró a no decirle "come, no pasa nada." Ahora ellos comen tranquilos y ella también, sin sentir que ofende a nadie. La familia se ajustó. Ella no cedió.

Hace poco se puso un vestido que antes le quedaba apretado, y ahora le queda flojo. La gente le dice que se ve radiante, segura, con un brillo distinto en la cara. Pero ese brillo no es del vestido. Es de una mujer que dejó de ser dominada, que aprendió a decir no sin pedir permiso, que entendió que su cuerpo no es propiedad de la mesa familiar.

No estás sola en la mesa

Esto no se trata de aguantar más, ni de apretar los dientes, ni de pelear sola con tu fuerza de voluntad. Tu fuerza de voluntad ya demostró que no alcanza.

El Espíritu Santo está contigo en la mesa, en la reunión, en ese momento exacto donde te ponen el plato y te dicen "una sola vez no pasa nada." Si tú eres consciente de Su presencia y le dices:


"Espíritu Santo, toma el control porque yo sola no puedo."

Te vas a dar cuenta que Él sí puede en ti. Ya no eres tú, sino Él en ti.

🙏 Oración

Señor, hoy reconocemos que muchas veces hemos peleado solas, con nuestra fuerza, con nuestra disciplina, y no nos ha alcanzado. Hoy te entregamos el control. Tú dijiste que todas las cosas nos son lícitas, pero que no nos dejaríamos dominar por ninguna. Ayúdanos a ser conscientes de Tu presencia en cada mesa, en cada plato, en cada comentario saboteador. Desarrolla en nosotras el dominio propio, no como esfuerzo, sino como fruto que viene de Ti. Ayúdanos a decir no sin culpa, a sostenernos sin endurecernos, a amar a nuestra familia sin tener que comer todo lo que nos sirvan. Rompe el legado que no viene de Ti, para que lo que hereden nuestras próximas generaciones sea coherencia y no descontrol. En el nombre de Jesús, amén.

Una pregunta para reflexionar

¿Quién está dominando tu mesa hoy?

Piénsalo bien. ¿Es tu mamá cuando insiste con el plato? ¿Es tu amiga cuando te invita diciendo que solo una vez no pasa nada? ¿Es tu tía que se ofende si no le comes el postre? ¿Es tu esposo que te dice que ya estás exagerando? ¿O eres tú misma, eligiendo desde tu carne en lugar de elegir desde el Espíritu que ya vive en ti?

Ahí está la respuesta. Ahí es donde Dios quiere trabajar en ti. Y recuerda: todo lo que Dios toca lo transforma. Si Él toca tu corazón, tú ya jamás serás la misma, porque serás la evidencia de un encuentro real con Cristo.

¿Lista para romper la cadena?

Si después de leer esto sientes que ya no quieres seguir esperando, contacta a nuestro equipo y agenda una cita con una coach de Son Hábitos que te va a acompañar paso a paso. Escríbenos por Instagram a @sonhabitos o visita www.sonhabitos.com para reservar tu llamada. Este programa de transformación te puede ayudar a salir de la obesidad y erradicar el efecto rebote, un día a la vez.

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